domingo, 7 de octubre de 2018

CELA, EL HOMBRE QUE QUISO GANAR

Ian Gibson, irlandés de nacimiento, es uno de los más conocidos hispanistas contemporáneos que tiene la peculiaridad de centrar su estudio en nombres claves de la cultura española a los que ha dedicado biografías y estudios: García Lorca (su gran tema), Salvador Dalí y Luis Buñuel son algunos de los iconos que ha sido diseccionados por Gibson.
En 2003, apenas una año después de la muerte del último Premio Nobel español de literatura, Camilo José Cela. Gibson sacaba a la luz un polémico y provocador ensayo en torno al autor de “La familia de Pascual Duarte” y “La Colmena”. El biógrafo nunca ha escondido sus tendencias izquierdistas y ello dio lugar a no pocas suspicacias en torno al libro: a fin de cuentas Cela fue un referente intelectual importante de la derecha española de finales del siglo XX; defendido fervientemente desde las páginas de ABC, medio del que era colaborador asiduo que le quiso elevar  la categoría de gran literato envidiado por toda una pléyade de jóvenes escritores de tendencia progre, que nunca alcanzarían sus cotas de maestría.


Tal vez sea el hecho notorio que Gibson no sintiese ninguna simpatía personal por el objeto de su estudio (cosa que reconoce abiertamente al final del mismo) lo que otorga notable interés a su trabajo, porque tal circunstancia no es óbice para que sus análisis de la obra celiana sea completa, rigurosa y hasta brillante sin que ello implique que sus opiniones estén teñidas del inevitable subjetivismo que toda critica literaria comporta. En su conjunto Gibson cuestiona el valor de buena parte de la producción del Nobel de 1989 con tres excepciones: Pascual Duarte, La Colmena y San Camilo 1936 (en opinión de Gibson, su obra maestra), que son analizadas con notable precisión. Son cruciales sus justificaciones sobre la influencia que puede percibirse en esas obras de escritores extranjeros, en concreto de John Dos Passos y su “Manhattan Transfer” en “La Colmena” con su visión panorámica de una micro somas social urbano, y de del “Ulises” de James Joyce, en “San Camilo 1936” con su apuesta decidida por el monólogo interior.
Junto al análisis literario el otro gran motor de la narración (y de hecho, el más importante) es la tesis que fundamenta el libro sobre la personalidad de Cela. En opinión del ensayista, la obsesión por el triunfo y el reconocimiento social marcó la trayectoria vital de Cela, cuya fijación por el éxito, originada en gran medida por unos orígenes familiares acomodados y medio británicos en la que la palabra fracaso era vista con escepticismo y desprecio, le llevó a hacer su de carrera literaria el gran motor de su vida y de intentar conseguir una red de contactos y apoyos que le abriesen las puertas del reconocimiento: desde el ingreso en la Real Academia de la lengua, hasta los más prestigiosos premios literarios para los que se postuló sin desmayo hasta conseguirlos. De forma paradójica (o no tanto), uno de sus más clásicas figuras narrativas fue la del perdedor, el desgraciado que tiene todo en contra y no puede salir del agujero al que la vida le ha sometido y de cuyo análisis, crudo y tierno al mismo tiempo, salieron los mejores momentos literarios de una pluma que consiguió un prestigio en determinados ámbitos catalogado por muchos como injustificado.

No esconde tampoco el libro, el carácter polémico del autor, muy especialmente en la última etapa e su vida, donde sus reconocimientos oficiales se combinaban con actuaciones muy polémicas en su vida pública y privada, con declaraciones altisonantes, toscas y hasta de mal gusto a cargo del Nobel, que le valieron el repudio de no pocos, en especial de las nuevas generaciones y que parecían enmarcadas en una estrategia de auto-promoción del propio autor que a lo largo de su vida fue creando, en torno a su mismo, un personaje contradictorio que supero en buena parte a su creación literaria.

domingo, 16 de septiembre de 2018

MALA INDOLE

Javier Marías es desde hace varios años uno de los valores comerciales más sólidos de la literatura española. De vocación cosmopolita y discípulo adelantado de Juan Benet, uno de los renovadores más polémicos del la historia literaria nacional del siglo XX, ha desarrollado una importantísima y exitosa carrera en actividades tan variadas como la traducción, el ensayo literario, los artículos periodísticos y sobre todo, la novela, género en donde le ha llegado los mayores reconocimientos.

El relato corto, al contrario, no le ha reportado mucho notoriedad pese a la existencia de dos libros “Mientras ellas duermen” y “Cuando fui mortal” y el mismo ha reconocido que tiene serias dudas sobre su aportación al citado arte de la narrativa breve. Por eso “Mala índole”, una recopilación de todos sus relatos cortos aparecida en 2012 puede considerarse un libro sorprendente, y a decir verdad muy estimulante.



Es Marías un narrador complejo, de aquellos para los que el arte de la literatura debe de huir de cualquier tentación de simplicidad y que gusta de proponer al lector un desafío permanente con una prosa muy cuidada y elaborada, unas tramas y personajes notablemente enrevesados y un estilo denso, culto, inaccesible por momentos si se quiere y que obliga a una alta concentración para aquel que se acerca al mismo. Aburrido y pedante para algunos, magistral y elegante para otros, lo que no cabe duda es que su triunfo en cuanto a ventas es incontestables y se trata, junto a Pérez-Reverte, de nuestro escritos más traducido y respetado en el exterior.


Sus relatos cortos son precisamente, una magnífica forma de acercarse al peculiar estilo de Marías. Dada su corta extensión, permiten un cierto relajamiento al lector que puede disfrutar de pequeñas delicatesen, en las surgen todo un universo de seres extremadamente complejos atrapados por unas situaciones ciertamente inquietantes y expuestas con una peculiarísima forma de narrar. Algunos de esos relatos como el que da título al libro ”Mala Indole” son ciertamente  brillantes en cuanto a la creación de atmósferas y aunque como cualquier libro compilatorio de relatos debe de pagar el peaje de la irregularidad de su contenido, ya que se alternan algunos espléndidos con otros mas bien de escaso recorrido, en su conjunto supone una buena muestra de una forma de entender la literatura que supera en gran parte el realismo imperante que se implantó de forma generalizada desde el siglo XIX y contra el que el autor siempre ha luchado con tesón.

miércoles, 29 de agosto de 2018

LA REGENTA


Obra cumbre y legendaria de la literatura española y que inmortalizó a su autor Leopoldo Alas “Clarín”. Situada en la imaginaria ciudad de Vetusta, que esconde a Oviedo en donde el autor pasó buena parte de su vida, centra su extensa trama en un triángulo compuesto por Ana Ozores, llamada la Regenta al ser la mujer del antiguo Regente o Magistrado, el magistral Fermín de Pas, joven canónigo  que domina espiritualmente la ciudad y Álvaro de Mesía, un conquistador vocacional y cínico. La lucha de los dos hombres por conseguir el amor de Ana Ozores irá creando una red de relaciones complejas de desenlace dramático.

Ana Ozores es sin lugar a dudas uno de los grandes personajes de la historia de la literatura española. Reflejo certero de una vida desdichada, en la que las convenciones sociales y la difícil posición de las mujeres arrastran a un matrimonio vacío y sin pasión, cree encontrar en el misticismo que le ofrece Fermín de Pas la salida a sus angustias existenciales; pero cuando el fervor religioso no llena sus más primarios instintos como mujer, termina cayendo en la tentación de amor físico con Mesía, un personaje reprobable, casi una caricatura del Don Juan clásico, pero cobarde y mezquino por naturaleza. Por su parte Fermín de Pas representa la ambición absoluta: no sólo aspira al dominio material de la iglesia, al mismo tiempo cree ser capaz de controlar las almas de sus feligreses, pero cuando su ascendencia sobre Ana Ozores, pasa de ser guía espiritual para derivar en la pasión que para él despierta una mujer joven, bella e infeliz, sus propia flaquezas quedan al descubierto y las contradicciones que le acechan internamente afloran al completo.

“La Regenta” supone una obra riquísima en matices y con variedad de registros: retrato de la vida provinciana con su hipocresía social latente, reflejo de la España de la Restauración viciada en sus entrañas por la corrupción, análisis psicológico de los personajes a los que disecciona sin piedad , folletín propio del siglo XIX, en el que el melodrama alcanza su máxima expresión y tratado de la religiosidad de la época, con el papel clave de la Iglesia Católica como órgano de poder y de referencia en la vida de todos los estratos sociales.

Se trata de una novela densa, larga, magistralmente construida y por momentos algo farragosa pero que supone una experiencia ciertamente imprescindible para todo lector que desee acercarse a los momentos cumbres de las letras españolas.
Muy recomendable la versión televisiva de 1995, dirigida por Fernando Méndez Leite

lunes, 20 de agosto de 2018

HA LLEGADO UN INSPECTOR


Sin duda la obra más aclamada y representada de John Boynton Priestley, ensayista, dramaturgo y poeta inglés, cuya conciencia social y simpatías izquierdistas están presentes en la mayoría de sus obras destacadas. Su fama se sustentaría en especial por dos piezas teatrales, “El tiempo y los Conway” y “Ha llegado un Inspector”.
En esta última, en una noche de 1919, en la casa de un acaudalado industrial británico , Arthur Birling,se celebra el compromiso de su hija con otro miembro de la clase alta. Cuando la velada transcurre de forma plácida y todos los integrantes de la mesa (esposa hijos y futuro yerno del industrial) nadan en la autocomplacencia absoluta, se produce la inesperada visita de un misterioso inspector de policía, con varias preguntas acerca del suicidio de una joven de la clase trabajadora. De forma progresiva este hecho, en apariencia totalmente ajeno a las vidas de los comensales, termina revelando una cantidad de verdades ocultas sobre la familia Birling.
 

Priestley escribió su obra más conocida en 1947. No es en modo alguno anecdótico dicha fecha ya que se trata de la postguerra mundial, unos años en los que el Laborismo inglés había tomado el poder y las doctrinas Keynesianas sobre intervencionismo estatal en economía se asentaban en la nación originaria del liberalismo económico, pese a las reticencias de los sectores más tradicionalistas. El dramaturgo quiso lanzar a través de su obra una andanada sobre la necesidad de concienciarse acerca de la solidaridad entre los seres humanos, y como el egoísmo de las personas lleva necesariamente a la destrucción de los más débiles.
La gran virtud de “Ha llegado un Inspector” es superar su tono panfletario y propagandístico,  a través de una trama magistralmente urdida, que logra dar sensación de relato policiaco, sin serlo realmente, y que va poco a poco enredando a los personajes en una espiral de angustia, al ponerles delante de su ojos las trágicas consecuencias de sus acciones. El tono de reproche hacia las costumbres y hábitos de las clases acomodadas es inequívoco, y la figura del inquietante Inspector actúa como voz de la conciencia de una realidad que todos los Birling de este mundo se obstinan en no reconocer. El final de la pieza es digno de los mejores momentos de Agatha Christie, aunque no haya una literatura más alejada del espíritu y tono de la obra de Priestley que la de reina del crimen. Y en eso reside precisamente la maestría de “Ha llegado…”; en utilizar trucos y resortes del género detectivesco para realizar una obra de gran mensaje, que a pesar evidente maniqueísmo (el mundo se divide en ricos perversos y pobres que sufren sus acciones), conmueve a través de su brillantez.

domingo, 15 de julio de 2018

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

Trilogía del escritor gallego Gonzalo Torrente Ballester, compuesta por tres títulos: “El señor llega” (1957), “Donde da la vuelta el aire” (1960) y “La pascua triste” (1962) y situada en una aldea imaginaria de la Galicia de los años 30, Pueblanueva del Conde, convertida por méritos propios en uno de los territorios de ficción más emblemáticos de la literatura española del siglo XX.
En esta densa obra se muestra la conflictividad social de la España de los años 30, en la que los movimientos revolucionarios intentaban implantar un nuevo modelo de sociedad al mismo tiempo que todavía luchaban entre sí dos modos muy divergentes de poder: el feudalismo de los terratenientes que vivían de las rentas de sus arrendatarios y el impulso del nuevo capitalismo industrial que amenaza con destruir modos de vida asentados durante años. Torrente Ballester planteó estas convulsiones sociales a través de personajes estereotipados llenos de fuerza y profundidad: Doña Mariana la vieja señora que trata de preservar  el mantenimiento de su estirpe y todo un modo de vida, Cayetano Salgado el nuevo rico de la zona, representante de los nuevos tiempos, que con su iniciativa empresarial manifestada a través de un pujante astillero, da de comer a casi todos, Juan Aldán, un noble arruinado que encuentra en el anarquismo una salida a sus inquietudes, y Carlos Deza, pariente lejano de Doña Mariana, y perteneciente al linaje de los habituales dominadores del pueblo, que vuelve a su lugar de origen con el presunto interés de desbancar a Cayetano y restaurar el  viejo orden, pero que se convierte en espectador de los dramas que a su alrededor se forman, sin querer tomar parte activa en ellos. Asimismo, cobra un especial protagonismo, Clara, hermana de Juan Aldán, una bella mujer que trata de salir adelante en un entorno hostil, marcada por la pobreza y su presunta alma impura, objeto de deseo de los hombres y que se convierte en vértice del desenlace de la obra.



Destaca poderosamente el micro somas social y humano desarrollado a través de tres entregas en la que se diseccionan los caracteres de toda una variada muestra de personajes que desarrollan su personalidad a través de largos diálogos a través de los cuales se manifiestan distintas maneras de ver la vida. El duelo que planea sobre todos ellos es el Carlos Deza y Cayetano Salgado, pese a estar presidido por la falta de ganas del primero por abordar el enfrentamiento directo cuya profesión de Psiquiatra le permite además analizar cualquier comportamiento ajeno de forma que desarma a sus oponentes, y más en el caso de Cayetano, que sólo entiende la fuerza de los hechos y la imposición de  su poder por la riqueza que genera su éxito empresarial.
Torrente Ballester consiguió una obra única; de difícil catalogación y más en un época en la que el realismo social dominaba el panorama español de la novela. “Los gozos y las sombras” es realista, desde luego, pero va mucho más allá de una descripción de luchas entre diversas facciones y consigue un retrato veraz del alma humana, consiguiendo una novela psicológica de muchos quilates, con una prosa cuidada y elegante.
Paradójicamente, esta maravilla pasó en buena parte desapercibida, hasta que a comienzos de los años 80, Televisión Española decidió adaptarla serie de televisión que siguiera la estela de otros productos de  esa misma época muy prestigiosos (“Cañas y barro” o “Fortunata y Jacinta”) y se estreno en 1982 con una lujosa producción protagonizada por Charo López, Eusebio Poncela, Carlos Larrañaga o Amparo Rivelles entre otros. La serie, que era una adaptación fiel del primer libro y un resumen de los otros dos, gozó de un merecido éxito que hizo retomar el interés por los libros originales y por la propia obra de Torrente Ballester que viviría en la recta final de su vida (moriría en 1999) un reconociendo impensable con anterioridad.



martes, 12 de diciembre de 2017

SIN NOVEDAD EN EL FRENTE


“Granadas. Gases. Tanques…..Triturar. Devorar. Morir. Disentería. Gripe. Tifus. Ahogar. Calcinar. Morir. Trinchera. Hospital. Fosa Común…..No existen más posibilidades”
Este párrafo es uno de los muchos momentos memorables que contiene la obra maestra de la literatura antibélica. “Sin Novedad en el frente”, del alemán Erich María Remarque, que con dieciocho años partió a tomar parte en la Primera Guerra Mundial, y tuvo una experiencia que no olvidaría nunca (al contrario que muchos de sus compatriotas que pronto se embarcaron en una guerra aún más atroz).
 
La novela de Remarque nos describe el trágico relato de una generación completa; la de los jóvenes germanos que dieron su vida en las trincheras europeas a comienzos del siglo XX. Fue la última de las guerras románticas, o al menos así empezó; aunque no tardó mucho en revelar su verdadera faz, ya que los adelantos técnicos ya existentes en ese periodo provocaron una carnicería nunca vista con anterioridad: metralletas, gas mostaza, tanques de combate, trincheras en las que libraban sangrientas batallas, cráteres en los que apilaban muertos…..Todo el horror y sinsentido de una contienda que supuso el terrible tránsito a los tiempos modernos es relatado de forma precisa y emotiva por un testigo directo y privilegiado de esos acontecimientos.
El autor centra su retrato en un colectivo especialmente golpeado. El de aquellos que en sus primeros años de madurez  fueron sacrificados de forma absurda y cruel. Las descripciones de la vida cotidiana de los soldados sorprenden por su verisimilitud y el innegable vigor puesto en las mismas; muestra inequívoca de que han sido escritas por alguien que vivió el horror de frente y que conoció la cita permanente con el peligro y la muerte. Es una de las narraciones más sinceras y descarnadas que uno puede encontrar ; pues en la misma está todo: la agonía de los heridos, los combates cuerpo a cuerpo, las sensaciones de los que sufrían los bombardeos, los intentos de fuga, el escaso reposo que significaban los permisos, el micro somas social que suponía el ejército, la tragedia de los familiares que pierden a seres queridos, el ambiente en los hospitales militares....
Un libro indispensable para entender una parte esencial de la historia europea del siglo XX. Fue adaptada al cine en 1930 por Lewis Milstone, en su versión más celebrada (ganadora del Oscar a la mejor película) y con posterioridad por Debert Mann en 1979

 

lunes, 13 de noviembre de 2017

ESPAÑA INVERTEBRADA


Ensayo clásico de la historia filosófica española en la que el gran pensador español de comienzos de siglo José Ortega y Gasset, trata de analizar el fenómeno del particularismo catalán y vasco, ya entonces en el candelero, y conectarlo con la realidad histórica y política española.
Ortega analiza el fenómeno del nacionalismo en plena conexión con lo que a su manera de ver es la raíz principal del problema: la ausencia de un proyecto común para España. Para Ortega lo que se conoce como España, fue una creación de Castilla que, al unir sus destinos dinásticos con Aragón e intentar unificar la política exterior de ambas coronas dieron sentido a una nueva nación. A ello hubo que unirle el descubrimiento de América, la gran empresa de la monarquía hispánica. Cuando América se pierde definitivamente a finales del siglo XIX, la nación se queda sin proyecto. De ahí surge el particularismo y la voluntad de acción directa de sectores sociales como los militares, empresarios y obreros que se creen en posesión de la verdad y no dudan en lanzarse a la arena para defenderla, por encima de unas instituciones desprestigiadas.
 
Ortega defiende el hecho que la nación no es algo estático sino vivo, y como todo ente vivo necesita alimentarse de unos objetivos definidos. En la segunda parte de su ensayo el insigne escritor localiza el problema para crear un proyecto común: la ausencia de las élites, la incapacidad española para localizar y respetar la obra de los mejores, de aquellos que deben marcar el terreno. Ese desprecio por la minoría selecta tiene para el filósofo un origen histórico muy concreto que es la ausencia de arraigo del feudalismo en España, algo que se derivó de la invasión de los visigodos un pueblo germánico viciado por Roma y que no supo crear, al contrario que otros territorios europeos como Francia y Alemania, una élites fuertes y dominadoras (los señores feudales)  que con el tiempo liderarían la construcción de los Estados modernos. Incluso la conquista de América fue promovida por el pueblo, no por las élites. En esa ausencia de liderazgo nacen todos los males que derivan (o degeneran, según se vea), en la búsqueda de independencia de los territorios que más se modernizaron en el siglo XIX.

Un obra esencial para entender la convulsa situación actual escrita en un lenguaje culto y al mismo tiempo accesible. Reflexiones agudas y muy argumentadas para obra que debería ser lectura obligatoria para todo aquel que quiera acercarse a las raíces de la problemática territorial española.